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sábado, 15 de febrero de 2020

El Ascenso los Masones en la Iglesia. Su detección y Magisterio de León XIII



El Ascenso los Masones en la Iglesia [¡cómo detectar las huellas de la masonería 

eclesiástica!]


Carta Encíclica
Humanum Genus del Papa León XIII
contra la Masonería

(I) El género humano, después de apartarse miserablemente de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, por envidia del demonio, quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno combate sin descanso por la verdad y la virtud, y el otro lucha por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El primer campo es el reino de Dios en la tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo. Los que quieren adherirse a ésta de corazón como conviene para su salvación, necesitan entregarse al servicio de Dios y de su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad. El otro campo es el reino de Satanás. Bajo su jurisdicción y poder se encuentran todos lo que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, se niegan a obedecer a la ley divina y eterna y emprenden multitud de obras prescindiendo de Dios o combatiendo contra Dios. Con aguda visión ha descrito Agustín estos dos reinos como dos ciudades de contrarias leyes y deseos, y con sutil brevedad ha compendiado la causa eficiente de una y otra en estas palabras: "Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la ciudad celestial". Durante todos los siglos han estado luchando entre sí con diversas armas y múltiples tácticas, aunque no siempre con el mismo ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen el campo peor parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia bajo la guía y con el auxilio de la masonería, sociedad extensamente dilatada y firmemente constituida por todas partes. No disimulan ya sus propósitos. Se levantan con suma audacia contra la majestad de Dios. Maquinan abiertamente la ruina de la santa Iglesia con el propósito de despojar enteramente, si pudiesen, a los pueblos cristianos de los beneficios que les ganó Jesucristo nuestro Salvador. Deplorando Nos estos males, la caridad nos urge y obliga a clamar repetidamente a Dios: Mira que bravean tus enemigos y yerguen la cabeza los que te aborrecen. Tienden asechanzas a tu pueblo y se conjuran contra tus protegidos. Dicen: "Ea, borrémoslos del número de las naciones" (Ps.82).

(2) Ante un peligro tan inminente, en medio de una guerra tan despiadada y tenaz contra el cristianismo, es nuestro deber señalar el peligro, descubrir a los adversarios, resistir en lo posible sus tácticas y propósitos, para que no perezcan eternamente aquéllos cuya salvación nos está confiada, y para que no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo, cuya defensa Nos hemos tomado, sino que se dilate todavía con nuevos aumentos por todo el orbe.

I. LA IGLESIA, FRENTE A LA MASONERÍA

(3) Nuestros antecesores los Romanos Pontífices, velando solícitamente por la salvación del pueblo cristiano, conocieron la personalidad y las intenciones de este capital enemigo tan pronto como comenzó a salir de las tinieblas de su oculta conjuración. Los Romanos Pontífices, previendo el futuro, dieron la señal de alarma frente al peligro y advirtieron a los príncipes y a los pueblos para que no se dejaran sorprender por las artimañas y las asechanzas preparadas para engañarlos. El Papa Clemente XII, en 1738, fue el primero en indicar el peligro. Benedicto XIV confirmó y renovó la Constitución del anterior Pontífice. Pío VII siguió las huellas de ambos. Y León XIII, incluyendo en su Constitución Apostólica Quo graviora toda legislación dada en esta materia por los Papas anteriores, la ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII, Gregorio XVI y reiteradamente Pío IX hablaron en el mismo sentido.

(4) En efecto, tan pronto como una serie de indicios manifiestos -instrucción de proceso, publicación de las leyes, ritos y anales masónicos, el testimonio personal de muchos masones- evidenciaron la naturaleza y los propósitos de la masonería, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la masonería, constituida contra todo derecho divino y humano, era tan perniciosa para el Estado como para la religión cristiana. Y amenazando con las penas más graves que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad. Los masones, encolerizados por esta prohibición, pensaron que podrían evitar, o debilitar al menos, en parte con el desprecio y en parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, y acusaron a los Sumos Pontífices que las decretaron de haber procedido injustamente o de haberse excedido en su competencia. De esta manera procuraron eludir la grave autoridad de las Constituciones Apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX. No faltaron, sin embargo, dentro de la misma masonería quienes reconocieron, aun a pesar suyo, que las disposiciones tomadas por los Romanos Pontífices estaban de acuerdo con la doctrina y la disciplina de la Iglesia Católica. En este punto muchos Príncipes y Jefes de Gobierno estuvieron de acuerdo con los Papas, ya acusando a la masonería ante la Sede Apostólica, ya condenándola por sí mismos, promulgando leyes a este efecto. Así sucedió en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y otros Estados de Italia.

(5) Pero lo más importante es ver cómo la prudente previsión de nuestros antecesores quedó confirmada con los sucesos posteriores. Porque sus providentes y paternales medidas no siempre, ni en todas partes, tuvieron el éxito deseado. Fracaso debido, unas veces, al fingimiento astuto de los afiliados a la masonería, y otras veces, a la inconsiderada ligereza de quienes tenían la grave obligación de velar con diligencia en este asunto. Por esto, en el espacio de siglo y medio la masonería ha alcanzado rápidamente un crecimiento superior a todo lo que se podía esperar, e infiltrándose de una manera audaz y dolosa en todos los órdenes del Estado, ha comenzado a tener tanto poder, que casi parece haberse convertido en dueña de los Estados. A este tan rápido y terrible progreso se ha seguido sobre la Iglesia, sobre el poder de los príncipes y sobre la misma salud pública la ruina prevista ya mucho antes por nuestros antecesores. Porque hemos llegado a tal situación, que con razón debemos temer grandemente por el futuro, no ciertamente por el futuro de la Iglesia, cuyo fundamento es demasiado firme para que pueda ser socavado por el solo esfuerzo humano, sino por el futuro de aquellas naciones en las que ha logrado una influencia excesiva la secta de que hablamos u otras semejantes que están unidas a ella como satélites auxiliares.

(6) Por estas causas, tan pronto como llegamos al gobierno de la Iglesia, comprendimos claramente la gran necesidad de resistir todo lo posible a una calamidad tan grave, oponiéndole para ello nuestra autoridad. Aprovechando repetidas veces la ocasión que se nos presentaba, hemos expuesto algunos de los puntos doctrinales más importantes que habían sufrido influjo mayor de los perversos errores masónicos. Así, en nuestra Encíclica Quod Apostolici muneris hemos demostrado con razones convincentes las utópicas monstruosidades de los socialistas y de los comunistas. Más tarde, en otra Encíclica, Arcanum, hemos defendido y explicado la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, cuya fuente y origen es el matrimonio. Por último, en la Encíclica Diuturnum hemos desarrollado la estructura del poder político, configurado según los principios de la filosofía cristiana; estructura maravillosamente coherente con la naturaleza de las cosas y con la seguridad de los pueblos y de los gobernantes. Hoy, siguiendo el ejemplo de nuestros predecesores, hemos decidido consagrar directamente nuestra atención a la masonería en sí misma considerada, su sistema doctrinal, sus propósitos, su manera de sentir y de obrar, para iluminar con nueva y mayor luz su maléfica fuerza e impedir así el contagio de tan mortal epidemia.

II. JUICIO FUNDAMENTAL ACERCA DE LA MASONERÍA

(7) Varias son las sectas que, aunque diferentes en nombre, rito, forma y origen, al estar, sin embargo, asociadas entre sí por la unidad de intenciones y la identidad en sus principios fundamentales, concuerdan de hecho con la masonería, que viene a ser como el punto de partida y el centro de referencia de todas ellas. Estas sectas, aunque aparentan rechazar todo ocultamiento y celebran sus reuniones a la vista de todo el mundo y publican sus periódicos, sin embargo, examinando a fondo el asunto, conservan la esencia y la conducta de las sociedades clandestinas. Tienen muchas cosas envueltas en un misterioso secreto. Y es ley fundamental de tales sociedades el diligente y cuidadoso ocultamiento de estas cosas no sólo ante los extraños, sino incluso ante muchos de sus mismos adeptos. Tales son, entre otras, las finalidades últimas y más íntimas, las jerarquías supremas de cada secta, ciertas reuniones íntimas y ocultas, los modos y medios con que deben ser realizadas las decisiones adoptadas. A este fin se dirigen la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos existente entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad disciplinar con que se rigen. Los iniciados tienen que prometer, más aún, de ordinario tienen que jurar solemnemente, no descubrir nunca ni en modo alguno a sus compañeros, sus signos, sus doctrinas. Así, con esta engañosa apariencia y con un constante disimulo procuran con empeño los masones, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que sus propios conmilitones. Buscan hábilmente la comodidad del ocultamiento, usando el pretexto de la literatura y de la ciencia como si fuesen personas que se reúnen para fines científicos. Hablan continuamente de su afán por la civilización, de su amor por las clases bajas. Afirman que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y extender al mayor número posible de ciudadanos las ventajas propias de la sociedad civil. Estos propósitos, aunque fuesen verdaderos, no son, sin embargo, los únicos. Los afiliados deben, además, dar palabra y garantías de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros; deben estar preparados a la menor señal e indicación de éstos para ejecutar sus órdenes; de no hacerlo así, deben aceptar los más duros castigos, incluso la misma muerte. De hecho, cuando la masonería juzga que algunos de sus seguidores han traicionado el secreto o han desobedecido las órdenes recibidas, no es raro que éstos reciban la muerte con tanta audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia. Ahora bien, esto de fingir y querer esconderse, de obligar a los hombres, como esclavos, con un fortísimo vínculo y sin causa suficientemente conocida, de valerse para cualquier crimen de hombres sujetos al capricho de otros, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus delitos, es un crimen monstruoso, que la naturaleza no puede permitir. Por esto, la razón y la misma verdad demuestran con evidencia que la sociedad de que hablamos es contraria a la justicia y a la moral natural.

(8) Afirmación reforzada por otros argumentos clarísimos, que ponen de manifiesto esta contradicción de la masonería con la moral natural. Porque por muy grande que sea la astucia de los hombres para ocultarse, por muy excesiva que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo dar frutos buenos (Mt.7,8). Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos; a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo.

(9) Todo lo que hemos dicho hasta aquí, y lo que diremos en adelante, debe entenderse de la masonería considerada en sí misma y como centro de todas las demás sectas unidas y confederadas con ella, pero no debe entenderse de cada uno de sus seguidores. Puede haber, en efecto, entre sus afiliados no pocas personas que, aunque culpables por haber ingresado en estas sociedades, no participan, sin embargo, por sí mismos en los crímenes de las sectas e ignoran los últimos intentos de éstas. De la misma manera, entre las asociaciones unidas a la masonería, algunas tal vez no aprueban en modo alguno ciertas conclusiones extremas, que sería lógico abrazar como consecuencias necesarias de principios comunes, si no fuese por el horror que causa su misma monstruosidad. Igualmente algunas asociaciones, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a ejecutar todo lo que querrían hacer y otras suelen realizar; no por esto, sin embargo, deben ser consideradas como ajenas a la unión masónica, porque esta unión masónica debe ser juzgada, más que por los hechos y realizaciones que lleva a cabo, por el conjunto de principios que profesa.

III. NATURALEZA Y MÉTODOS  DE LA MASONERÍA

[Autonomía de la razón] (10) Ahora bien, el principio fundamental de los que profesan el Naturalismo, como su mismo nombre declara, es que la naturaleza humana y la razón natural del hombre han de ser en todo maestras y soberanas absolutas. Establecido este principio, los naturalistas, o descuidan los deberes para con Dios, o tienen de éstos un falso concepto impreciso y desviado. Niegan toda revelación divina. No admiten dogma religioso alguno. No aceptan verdad alguna que no pueda ser alcanzada por la razón humana. Rechazan todo maestro a quien haya que creer obligatoriamente por la autoridad de su oficio. Y como es oficio propio y exclusivo de la Iglesia Católica guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del Magisterio y de los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí que todo el ataque iracundo de estos adversarios se haya concentrado sobre la Iglesia. Véase ahora el proceder de la masonería en lo tocante a la religión, singularmente en las naciones en que tiene una mayor libertad de acción, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño se reduce a traducir en los hechos las teorías del Naturalismo. Hace mucho tiempo que se trabaja tenazmente para anular todo posible influjo del Magisterio y de la autoridad de la Iglesia en el Estado. Con este fin hablan públicamente y defienden la separación total de la Iglesia y del Estado. Excluyen así de la legislación y de la administración pública el influjo saludable de la religión católica. De lo cual se sigue la tesis de que la constitución total del Estado debe establecerse al margen de las enseñanzas y de los preceptos de la Iglesia. Pero no les basta con prescindir de tan buena guía como es la Iglesia. La persiguen, además, con actuaciones hostiles. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y con la enseñanza los mismos fundamentos de la religión católica. Se niegan los derechos de la Iglesia. No se respetan las prerrogativas con que Dios la enriqueció. Se reduce al mínimo su libertad de acción, y esto con una legislación en apariencia no muy violenta, pero en realidad dada expresamente para impedir la libertad de la Iglesia. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes singularmente graves, promulgadas para disminuir cada día más su número y para reducir sus recursos; el patrimonio eclesiástico que todavía queda, gravado con todo género de cargas y sometido enteramente al juicio arbitrario del Estado; y las Órdenes Religiosas suprimidas y dispersas. Pero el esfuerzo más enérgico de los adversarios se lanza principalmente contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Primeramente le ha sido arrebatado a éste, con fingidos pretextos, el poder temporal, baluarte de su libertad y de sus derechos. A continuación ha sido reducido el Romano Pontífice a una situación injusta, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen. Finalmente, hemos llegado a una situación en la que los fautores de las sectas proclaman abiertamente lo que en oculto habían maquinado durante largo tiempo; esto es, que hay que suprimir la sagrada potestad del Pontífice y que hay que destruir por completo el pontificado instituido por derecho divino. Aunque faltasen otras pruebas, lo dicho está probado suficientemente por el testimonio de los mismos jefes sectarios, muchos de los cuales, en diversas ocasiones, y últimamente en una reciente memoria, han declarado como objetivo verdadero de la masonería el intento capital de vejar todo lo posible al Catolicismo como una enemistad implacable, sin descansar hasta ver deshechas todas las instituciones establecidas por los Papas en la esfera religiosa. Y si los afiliados a la masonería no están obligados a abjurar expresamente de la fe católica, esta táctica está tan lejos de oponerse a los intentos masónicos, que más bien sirve a sus propósitos. En primer lugar, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos y a los incautos y de multiplicar el número de adeptos. Y en segundo lugar, porque al abrir los brazos a todos los procedentes de cualquier credo religioso, logra, de hecho, la propagación del gran error de los tiempos actuales: el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos. Conducta muy acertada para arruinar todas las religiones, singularmente la Católica, que, como única verdadera, no puede ser igualada a las demás sin suma injusticia. [Errores Metafísicos]

(11) Pero los naturalistas avanzan más todavía. Lanzados audazmente por la vía del error en los asuntos de mayor importancia, caen despeñados por el precipicio de las conclusiones más extremistas, ya sea por la flaqueza de la naturaleza humana, ya sea por justo juicio de Dios, que castiga el pecado de la soberbia naturalista. De esta manera sucede que para esos hombres pierden toda su certeza y fijeza incluso las verdades conocidas por la sola luz natural de la razón, como son la existencia de Dios y la espiritualidad e inmortalidad del alma humana. Por su parte, la masonería tropieza con estos mismos escollos a través de un camino igualmente equivocado. Porque si bien reconocen generalmente la existencia de Dios, afirman, sin embargo, que esta verdad no se halla impresa en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Reconocen, en efecto, que el problema de Dios es entre ellos la causa principal de sus divisiones internas. Más aún, es cosa sabida que últimamente ha habido entre ellos, por esta misma cuestión, una no leve contienda. Pero, en realidad, la secta concede a sus iniciados una libertad absoluta para defender la existencia de Dios o para negarla; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la opinión negativa como a los que piensan que Dios existe, pero tienen acerca de Dios un concepto erróneo como los panteístas, lo cual equivale a conservar una absurda idea de la naturaleza divina, rechazando la verdadera noción de ésta. Destruido o debilitado este principio fundamental, síguese lógicamente la inestabilidad en las verdades conocidas por la razón natural: la creación libre de todas las cosas por Dios, la providencia divina sobre el mundo, la inmortalidad de las almas, la vida eterna que ha de suceder a la presente vida temporal. [Moral cívica]

(12) Perdidas estas verdades, que son como principios del orden natural, trascendentales para el conocimiento y la práctica de la vida, fácilmente aparece el giro que ha de tomar la moral pública y privada. No nos referimos a las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial don gratuito de Dios. Por fuerza no puede encontrarse vestigio alguno de estas virtudes en los que desprecian como inexistentes la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos y la bienaventuranza que se ha de alcanzar en el cielo. Hablamos aquí de las obligaciones derivadas de la moral natural. Un Dios creador y gobernador providente del mundo; una ley eterna que manda conservar el orden natural y prohíbe perturbarlo; un fin último del hombre, muy superior a todas las realidades humanas y colocado más allá de esta transitoria vida terrena. Estas son las fuentes, éstos son los principios de toda moral y de toda justicia. Si se suprimen, como suelen hacer el naturalismo y la masonería, la ciencia moral y el derecho quedan destituidos de todo fundamento y defensa. En efecto, la única moral que reconoce la familia masónica, y en la que, según ella, ha de ser educada la juventud, es la llamada moral cívica, independiente y libre; es decir, una moral que excluya toda idea religiosa. Pero la debilidad de esta moral, su falta de firmeza y su movilidad a impulso de cualquier viento de pasiones, están bien demostradas por los frutos de perdición que parcialmente están ya apareciendo. Pues dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar con mayor libertad, suprimiendo la educación cristiana, ha producido la rápida desintegración de la sana y recta moral, el crecimiento vigoroso de las opiniones más horrendas y el aumento ilimitado de las estadísticas criminales. Muchos son los que deploran públicamente esas consecuencias. Incluso no son pocos los que, aun contra su voluntad, las reconocen obligados por la evidencia de la verdad.

(13) Pero, además, como la naturaleza humana quedó manchada con la caída del primer pecado y, por esta misma causa, más inclinada al vicio que a la virtud, es totalmente necesario para obrar moralmente bien sujetar los movimientos desordenados del espíritu y someter los apetitos a la razón. Y para que en este combate la razón vencedora conserve siempre su dominio se necesita muy a menudo el despego de todas las cosas humanas y la aceptación de molestias y trabajos muy grandes. Pero los naturalistas y los masones, al no creer las verdades reveladas por Dios, niegan el pecado del primer padre de la humanidad, y juzgan por esto que el libre albedrío "no está debilitado ni inclinado al pecado". Por el contrario, exagerando las fuerzas y la excelencia de la naturaleza y poniendo en ésta el único principio regulador de la justicia, ni siquiera pueden pensar que para calmar los ímpetus de la naturaleza y regir sus apetitos sean necesarios un prolongado combate y una constancia muy grande. Por esto vemos el ofrecimiento público a todos los hombres de innumerables estímulos de las pasiones; periódicos y revistas sin moderación ni vergüenza alguna; obras teatrales extraordinariamente licenciosas; temas y motivos artísticos buscados impúdicamente en los principios del llamado realismo; artificios sutilmente pensados para satisfacción de una vida muelle y delicada; la búsqueda, en una palabra, de toda clase de halagos sensuales, ante los cuales cierre sus ojos la virtud adormecida. Al obrar así proceden criminalmente, pero son consecuentes consigo mismos todos los que suprimen la esperanza de los bienes eternos y la reducen a los bienes caducos, hundiéndola en la tierra. Los hechos referidos pueden confirmar una realidad fácil de decir, pero difícil de creer. Porque como no hay nadie tan esclavo de las hábiles maniobras de los hombres astutos como los individuos que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la masonería quienes dijeron y propusieron públicamente que hay que procurar con una táctica pensada sobresaturar a la multitud con una licencia infinita en materia de vicios; una vez conseguido este objetivo, la tendrían sujeta a su arbitrio para acometer cualquier empresa.

[Familia y Educación]

(14) Por lo que toca a la sociedad doméstica, toda la doctrina de los naturalistas se reduce a los capítulos siguientes: el matrimonio pertenece a la categoría jurídica de los contratos. Puede rescindirse legalmente a voluntad de los contrayentes. La autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En la educación de los hijos no hay que enseñarles cosa alguna como cierta y determinada en materia de religión; que cada uno al llegar a la adolescencia escoja lo que quiera. Los masones están de acuerdo con estos principios. No solamente están de acuerdo, sino que se empeñan, hace ya tiempo, por introducir estos principios en la moral de la vida diaria. En muchas naciones, incluso entre las llamadas católicas, está sancionado legalmente que fuera del matrimonio civil no hay unión legítima alguna. En algunos Estados la ley permite el divorcio. En otros Estados se trabaja para lograr cuanto antes la licitud del divorcio. De esta manera se tiende con paso rápido a cambiar la naturaleza del matrimonio, convirtiéndolo en una unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo. La masonería tiene puesta también la mirada con total unión de voluntades en el monopolio de la educación de los jóvenes. Piensan que pueden modelar fácilmente a su capricho esta edad tierna y flexible y dirigirla hacia donde ellos quieren y que éste es el medio más eficaz para formar en la sociedad una generación de ciudadanos como ellos imaginan. Por esto, en materia de educación y enseñanza no permiten la menor intervención y vigilancia de los ministros de la Iglesia, y en varios lugares han conseguido que toda la educación de los jóvenes esté en manos de los laicos y que al formar los corazones infantiles nada se diga de los grandes y sagrados deberes que unen al hombre con Dios.

[Doctrina Política] (15) Vienen a continuación los principios de la ciencia política. En esta materia los naturalistas afirman que todos los hombres son jurídicamente iguales y de la misma condición en todos los aspectos de la vida. Que todos son libres por naturaleza. Que nadie tiene derecho de mandar a otro y que pretender que los hombres obedezcan a una autoridad que no proceda de ellos mismos es hacerles violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; el poder político existe por mandato o delegación del pueblo, pero de tal forma que, si cambia la voluntad popular, es lícito destronar a los Príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el gobierno del Estado, configurado, por supuesto, según los principios del derecho nuevo. Es necesario, además, que el Estado sea ateo. No hay razón para anteponer una religión a otra entre las varias que existen. Todas deben ser consideradas por igual.

(16) Que los masones aprueban igualmente estos principios y que pretenden constituir los Estados según este modelo son hechos tan conocidos que no necesitan demostración. Hace ya mucho tiempo que con todas sus fuerzas y medios pretenden abiertamente esta nueva constitución del Estado. Con lo cual están abriendo el camino a otros grupos más audaces que se lanzan sin control a pretensiones peores, pues procuran la igualdad y propiedad común de todos los bienes, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortuna.

IV. EL MAL RADICAL DE LA MASONERÍA
[Dogmática depravada]

(17) La naturaleza y los métodos de la masonería quedan suficientemente aclarados con la sumaria exposición que acabamos de hacer. Sus dogmas fundamentales discrepan tanto y tan claramente de la razón, que no hay mayor depravación ideológica. Querer destruir la religión y la Iglesia, fundada y conservada perpetuamente por el mismo Dios, y resucitar, después de dieciocho siglos, la moral y la doctrina del paganismo, es necedad insigne e impiedad temeraria. Ni es menos horrible o intolerable el rechazo de los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo para cada hombre en particular, sino también para cuantos viven unidos en la familia o en la sociedad civil; beneficios, por otra parte, señaladísimos según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En este insensato y abominable propósito parece revivir el implacable odio y sed de venganza en que Satanás arde contra Jesucristo. De manera semejante, el segundo propósito de los masones, destruir los principios fundamentales del derecho y de la moral y prestar ayuda a los que, imitando a los animales, querrían que fuese lícito todo lo agradable, equivale a empujar al género humano ignominiosa y vergonzosamente a la muerte. Aumentan este mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y a la sociedad civil. Porque, como hemos expuesto en otras ocasiones, el consentimiento casi universal de los pueblos y de los siglos demuestra que el matrimonio tiene un algo sagrado y religioso; pero además la ley divina prohíbe su disolución. Si el matrimonio se convierte en una mera unión civil, si se permite el divorcio, la consecuencia inevitable que se sigue en la familia es la discordia y la confusión, perdiendo su dignidad la mujer y quedando incierta la conservación y suerte posterior de la prole. La despreocupación pública total de la religión y el desprecio de Dios, como si no existiese, en la constitución y administración del Estado, constituyen un atrevimiento inaudito aun para los mismos paganos, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento estuvo tan grabada no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que consideraban más fácil encontrar una ciudad en el aire que un Estado sin Dios. En realidad, la sociedad humana, a que nos sentimos naturalmente inclinados, fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de Dios procede, como de principio y fuente, toda la perenne abundancia de los bienes innumerables que la sociedad disfruta. Por tanto, así como la misma naturaleza enseña a cada hombre en particular a rendir piadosa y santamente culto a Dios, por recibir de El la vida y los bienes que la acompañan, de la misma manera y por idéntica causa incumbe este deber a los pueblos y a los Estados. Y los que quieren liberar al Estado de todo deber religioso, proceden no sólo contra todo derecho, sino además con una absurda ignorancia. Y como los hombres nacen ordenados a la sociedad civil por voluntad de Dios, y el poder de la autoridad es un vínculo tan necesario a la sociedad que sin aquél ésta se disuelve necesariamente, síguese que el mismo que creó la sociedad creó también la autoridad. De aquí se ve que, sea quien sea el que tiene el poder, es ministro de Dios. Por lo cual, en todo cuanto exijan el fin y naturaleza de la sociedad humana, es razonable obedecer al poder legítimo cuando manda lo justo como si se obedeciera a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna. Y nada hay más contrario a la verdad que suponer en manos del pueblo el derecho de negar la obediencia cuando le agrade. De la misma manera nadie pone en duda la igualdad de todos hombres si se consideran su común origen y la naturaleza, el fin último a que todos están ordenados y los derechos y obligaciones que de aquéllos espontáneamente derivan. Pero como no pueden ser iguales las cualidades personales de los hombres y son muy diferentes unos de otros en los dotes naturales de cuerpo y de alma y son muchas las diferencias de costumbre, voluntades y temperamentos, nada hay más contrario a la razón que pretender abarcarlo y confundirlo todo en una misma medida y llevar a las instituciones civiles a una igualdad jurídica tan absoluta. Así como la perfecta disposición del cuerpo humano resulta de la unión armoniosa de miembros diversos, diferentes en forma y funciones, pero que vinculados y puestos en sus propios lugares constituyen un organismo hermoso, vigoroso y apto para la acción, así también en la sociedad política las desemejanzas de los individuos que la forman son casi infinitas. Si todos fuesen iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, el aspecto de este Estado sería horroroso. Pero si, dentro de los distintos grados de dignidad, aptitudes y trabajo, todos colaboran eficazmente al bien común, reflejarán la imagen de un Estado bien constituido y conforme a la naturaleza.

(18) Los perturbadores errores que hemos enumerado bastan por sí solos para provocar en los Estados temores muy serios. Porque, suprimido el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, despreciada la autoridad de los gobernantes, permitida y legitimada la fiebre de las revoluciones, desatadas hasta la licencia las pasiones populares, sin otro freno que la pena, forzosamente han de seguirse cambio y trastornos universales. Estos cambios y estos trastornos son los que buscan de propósito, sin recato alguno, muchas asociaciones comunistas y socialistas. La masonería, que favorece en gran escala los intentos de estas asociaciones y coincide con ellas en los principios fundamentales de su doctrina, no puede proclamarse ajena a los propósitos de aquéllas. Y, si de hecho no llegan de modo inmediato y en todas partes a los mayores extremos, no ha de atribuirse esta falta a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficaz virtud de la inextinguible religión divina y al sector sano de la humanidad que, rechazando la servidumbre de las sociedades clandestinas, resiste con energía los locos intentos de éstas.

[Ambiciones masónicas]

(19) ¡Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla radical de los males que nos oprimen y de los peligros que nos amenazan! Tenemos que enfrentarnos con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de los pueblos y de los gobernantes, se ha cautivado a los unos y a los otros con el cebo de la adulación y de las suaves palabras. Insinuándose entre los gobernantes con el pretexto de la amistad, pretendieron los masones convertirlos en socios y auxiliares poderosos para oprimir al catolicismo. Y para estimularlos con mayor eficacia, acusaron por envidia, a los príncipes el poder y las prerrogativas reales. Afianzados y envalentonados entre tanto con estas maniobras, comenzaron a ejercer un influjo extraordinario en el gobierno de los Estados, preparándose, por otra parte, para sacudir los fundamentos de las monarquías y perseguir, calumniar y destronar a los reyes siempre que éstos procediesen en el gobierno de modo contrario a los deseos de la masonería. De modo semejante engañaron a los pueblos por medio de la adulación. Voceando a boca llena libertad y prosperidad pública y afirmando que por culpa de la Iglesia y de los monarcas no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, sedujeron al pueblo y, despertando en éste la fiebre de las revoluciones, le incitaron a combatir contra ambas potestades. Sin embargo, la espera de estas ventajas tan deseadas es hoy día todavía mayor que su realidad; porque la plebe, más oprimida que antes, se ve forzada en su mayor parte a carecer incluso de los mismos consuelos de su miseria que hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en una sociedad cristianamente constituida. Y es que todos los que se rebelan contra el orden establecido por la Providencia divina suelen encontrar el castigo de su soberbia tropezando con una suerte desoladora y miserable allí mismo donde, temerarios, la esperaban, conforme a sus deseos, próspera y abundante.

(20) La Iglesia, en cambio, que manda obedecer primero y por encima de todo a Dios, soberano Señor de la creación, no puede sin injuria y falsedad ser acusada ni como enemiga del poder político ni como usurpadora de los derechos de los gobernantes. Por el contrario, la Iglesia manda dar al poder político, como criterio y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe. Por otra parte, el que la Iglesia ponga en Dios mismo el origen del poder político aumenta grandemente la dignidad de la autoridad civil y proporciona un apoyo no leve para obtenerle el respeto y la benevolencia de los ciudadanos. La Iglesia, amiga de la paz y madre de la concordia, abraza a todos con materno cariño. Ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que hay que unir la justicia con la clemencia, el poder con la equidad, las leyes con la moderación; que no debe ser violado el derecho de nadie; que hay que trabajar positivamente por el orden y la tranquilidad pública; que hay que aliviar, en la medida más amplia posible, pública y privadamente la miseria de los necesitados. "Pero la causa de que piensen -para servirnos de las palabras de Agustín- o de que pretendan hacer creer que la doctrina cristiana no es provechosa para el Estado, es que no quieren un Estado apoyado sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los vicios". Según todo lo dicho, sería una insigne prueba de prudencia política y una medida necesaria para la seguridad pública que los gobernantes y los pueblos se unieran no con la masonería para destruir a la Iglesia, sino con la Iglesia para destrozar los ataques de la masonería.

V. REMEDIOS

(21) Pero sea lo que sea, ante un mal tan grave y tan extendido ya, es nuestra obligación, venerables hermanos, consagrarnos con toda el alma a buscar los remedios. Y como la mejor y más firme esperanza de remedio está situada en la eficacia de la religión divina, tanto más odiada de los masones cuanto más temida por ellos, juzgamos que el remedio fundamental consiste en el empleo de esta virtud tan eficiente contra el común enemigo. Por consiguiente, todo lo que los Romanos Pontífices, nuestros antecesores, decretaron para impedir las iniciativas y los intentos de la masonería, todo lo que sancionaron para alejar a los hombres de estas sociedades o liberarlos de ellas, todas y cada una de estas disposiciones damos por ratificadas y las confirmamos con nuestra autoridad apostólica. Y, confiados en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno de ellos en particular por su eterna salvación que tengan como un deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esta materia ordena la Sede Apostólica.

[Desenmascarar la masonería]

(22) A vosotros, venerables hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor insistencia que, uniendo vuestros esfuerzos a los nuestros, procuréis con ahínco extirpar este inmundo contagio que va penetrando en todas las venas de la sociedad. Debéis defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos. Si miráis a estos fines en el combate, no ha de faltaros el valor ni la fortaleza. Vuestra prudencia os dictará el modo y los medios mejores de vencer los obstáculos y las dificultades que se levantarán. Pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio que Nos indiquemos algunos medios más adecuados para la labor referida, quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara, para que sea conocido de todos, su verdadero rostro; y que los pueblos aprendan por medio de vuestro sermones y pastorales, escritas con este fin, las arteras maniobras de esas sociedades en el halago y en la seducción, la maldad de sus teorías y la inmoralidad de su acción. Que nadie que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación personal, juzgue serle lícito por ninguna causa inscribirse en la masonería, prohibición confirmada repetidas veces por nuestros antecesores. Que nadie sea engañado por una moralidad fingida. Pueden, en efecto, pensar algunos que nada piden los masones abiertamente contrario a la religión y a la sana moral. Sin embargo, como toda la razón de ser de la masonería se basa en el vicio y en la maldad, la consecuencia necesaria es la ilicitud de toda unión con los masones y de toda ayuda prestada a éstos de cualquier modo.

[Esmerada instrucción religiosa]
                                                      
(23) Es necesario, en segundo lugar, inducir por medio de una frecuente predicación a las muchedumbres para que se instruyan con todo esmero en materia religiosa. A este fin recomendamos mucho que en los escritos y en los sermones se expliquen oportunamente los principios fundamentales de la filosofía cristiana. El objetivo de estas exposiciones es sanar los entendimientos por medio de la instrucción y fortalecerlos contra las múltiples formas del error y las variadas sugestiones del vicio, contenidas especialmente en el libertinaje actual de la literatura y en el ansia insaciable de aprender. Gran obra, sin duda. Pero en ellas será vuestro primer auxiliar y colaborador el clero si lográis con vuestros esfuerzos que salga bien formado en costumbres y bien equipado de ciencia. Pero una empresa tan santa e importante exige también la cooperación auxiliar de los seglares, que unan el amor de la religión y de la patria con la virtud y el saber. Unidas las fuerzas del clero y del laicado, trabajad, venerables hermanos, para que todos los hombres conozcan y amen como se debe a la Iglesia. Cuanto mayores sean este conocimiento y este amor, tanto mayores serán la huída y el rechazo de las sociedades secretas. Aprovechando justificadamente esta oportunidad, renovamos ahora nuestro encargo, ya repetido otras veces, de propagar y fomentar con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con prudente moderación hemos aprobado hace poco. El único fin que le dio su autor, es atraer a los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor de su Iglesia, al ejercicio de todas las virtudes cristianas. Grande, por consiguiente, es su eficacia para impedir el contagio de estas malvadas sociedades. Auméntese, pues, cada vez más esta santa asociación, de la cual podemos esperar muchos frutos, y especialmente el insigne fruto de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad jurídicas, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el género humano y las siguió San Francisco. Una libertad propia de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de la perversa tiranía de las pasiones; una fraternidad cuyo origen resida en Dios, Creador y Padre común de todos; una igualdad que, basada en los fundamentos de la justicia y de la caridad, no borre todas las diferencias entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forme aquel admirable y armonioso conjunto que es propio naturalmente de toda vida civil digna y útilmente constituida.

[Asociaciones obreras y patronales]

(24) Existe, en tercer lugar, una institución, sabiamente establecida por nuestros mayores e interrumpida durante algún tiempo, que puede valer ahora como forma ejemplar para algo semejante. Nos referimos a los gremios de trabajadores, creados para defensa conjunta, al amparo de la religión, de sus propios intereses y de las buenas costumbres. Si nuestros mayores con el uso y experiencia de un largo espacio de tiempo comprobaron la utilidad de estas asociaciones, tal vez la experimentaremos mejor nosotros por su especial eficacia para burlar el poder de las sectas. Los que soportan la escasez con el trabajo de sus manos son en primer término los más dignos de caridad y de consuelo, pero además son los que están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo lo invaden con sus fraudes y engaños. Por lo cual hay que ayudarles con la mayor benignidad posible y hay que reunirlos en asociaciones honestas, para que no los arrastren las asociaciones infames. Por esta razón Nos deseamos grandemente ver restablecidas estas corporaciones en todas partes, para salvación del pueblo, de acuerdo con las necesidades de los tiempos, bajo los auspicios y patrocinio del episcopado. Y no es pequeño nuestro gozo al ver como vemos su actual restablecimiento en muchos lugares, así como también la fundación de asociaciones patronales. El fin común de estas dos clases de instituciones es ayudar a la virtuosa clase proletaria, socorrer y defender a sus hijos y a sus familias, fomentando en ellas, con la integridad de las buenas costumbres, el cultivo de la piedad y de la instrucción religiosa. Y en este punto no queremos pasar en silencio las Conferencias de San Vicente de Paúl, tan benemérita de las clases pobres y tan insigne por su ejemplo y acción. Sus obras y sus fines son conocidos por todos. Se dedica por entero al auxilio creciente de los menesterosos y de los que sufren, actuando con admirable sagacidad y modestia. Al querer pasar desapercibida, su eficacia es tanto mayor para ejercer la caridad cristiana y tanto más idónea para remedio de las miserias.

[Educación de la juventud]

(25) En cuarto lugar, para obtener más fácilmente lo que queremos, encomendamos con el mayor encarecimiento a vuestra fe y a vuestros desvelos la juventud, que es la esperanza de la sociedad humana. Consagrad a su educación la parte más principal de vuestra atención, y, por mucho que hagáis, nunca penséis haber hecho lo bastante para preservar a la adolescencia de las escuelas y maestros que puedan inculcarle el aliento malsano de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos de la perversidad de estas sociedades, y que aprendan pronto a precaverse de las fraudulentas y variadas artimañas que suelen emplear sus propagadores para enredar a los hombres. No harían mal los que preparan a los niños para recibir la primera comunión si les aconsejan que hagan el firme propósito de no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo previamente con su confesor o con su párroco. (26) Pero sabemos muy bien que todos nuestros comunes esfuerzos serán insuficientes para arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no secunda benignamente nuestros esfuerzos. Es necesario, por tanto, implorar con vehemente deseo un auxilio tan poderoso de Dios que sea adecuado a la extrema necesidad de las circunstancias y a la grandeza del peligro. Levántase insolente y como regocijándose ya de sus triunfos, la masonería. Parece como si no pusiera ya límites a su obstinación. Sus secuaces, unidos todos con un impío consorcio y por una oculta comunidad de propósitos, se ayudan mutuamente y se excitan los unos a los otros para la realización audaz de toda clase de obras pésimas. Tan fiero asalto exige una defensa igual: es necesaria la unión de todos los buenos en una amplísima coalición de acción y de oraciones. Les pedimos, pues, por un lado, que, estrechando las filas, firmes y de acuerdo resistan los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; y, por otro lado, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos para alcanzar que florezca con nuevo vigor el cristianismo, que goce la Iglesia de la necesaria libertad, que vuelvan al buen camino los descarriados, que cesen por fin los errores a la verdad y los vicios a la virtud. Tomemos como auxiliadora y mediadora a la Virgen María, Madre de Dios. Ella, que vencido a Satanás desde el momento de su concepción, despliegue su poder contra todas las sectas impías, en que se ven revivir claramente la soberbia contumaz, la indómita perfidia y los astutos engaños del demonio. Pongamos por intercesores al Príncipe de los Ángeles, San Miguel, vencedor de los enemigos infernales; a San José, esposo de la Virgen Santísima, celestial patrono de la Iglesia católica; a los grandes apóstoles San Pedro y San Pablo, sembradores e invictos defensores de la fe cristiana. Bajo su patrocinio y con la oración perseverante de todos, confiamos que Dios socorrerá oportuna y benignamente al género humano, expuesto a tantos peligros. Y como testimonio de los dones celestiales y de nuestra benevolencia, con el mayor amor os damos in Domino la bendición apostólica a vosotros, venerables hermanos, al clero y al pueblo todo confiado a vuestro cuidado. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de nuestro pontificado.


lunes, 6 de enero de 2020

Cómo llegó ‘el ladrón’..Parte 7 Benedicto XVI y Francisco: ambos BRUJOS

¡Cómo llegó ‘el ladrón’ a la Silla de Pedro!
Parte 7
Benedicto XVI y Francisco: ambos BRUJOS
·      “Satanás se infiltrará en el seno de la Iglesia; llegará hasta los Más Altos Reinos de la Jerarquía en el Vaticano; y hasta la Silla de Pedro” (La Virgen de Fátima a Lucía dos
Santos)
·      “Por alguna fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios” (Paulo VI, aniversario de su Misa de coronación, 29 de junio 1972)
·      Satanás los seduce con fama, dinero, poder y placeres.
· Aclaraciones y Precisiones importantes ante la confusión intencional generada por Benedicto XVI

Demonio Pan o Baphomet, predador sexual, adorado por masones e illuminati
Cardenal O'Çonnor con sus hermanos masones

Benedicto XVI y Francisco, aunque ambos practican la brujería, los dos antipapas o falsos profetas, “los dos papas en convivencia” que veía la Beata Estigmatizada Anna Catalina Emmerich (“Visiones y Revelaciones Completas a Anna Catalina Emmerich”, Cuaderno Núm. 3), el primero “El ladrón que usurpó la Silla de Pedro”, bajo la consigna de su ‘Priorato, el de Praga’; y Francisco, siguiendo la consigna del ‘Priorato de Sión’ del O.T.I. (Ordo Templi Orientis de culto egipcio, cuya simbología porta en su cruz pectoral), es “El lobo con piel de oveja”, ambos en convivencia en el Vaticano, no solo han incurrido en infinidad de herejías, blasfemias, profanaciones y actos abominables, miembros del Lobby Gay Vaticano, sectarios illuminati, judíos, practican la brujería, aunque de diferentes tipos para que los demonios les protejan y permitan la corrupción y demolición de la Iglesia, como hacen los masones comunistas -políticos, presidentes, primeros ministros, reyes, legisladores, jueces, gobernantes, banqueros, empresarios, dueños, conductores de programas y artistas de medios de comunicación social; y muchísimos jerarcas y eclesiásticos-.

Es muy importante el conocimiento de la simbología, ésta nos permite darnos cuenta a qué secta pertenece una persona, en qué cree, a qué credo pertenece, si es supersticiosa; y hasta qué tipo de hechicería practica.

Así como en la Iglesia católica los signos o símbolos bendecidos tienen poder contra las fuerzas del mal, de aquí surgen los ‘sacramentales’, y en la Liturgia se complementan con oraciones y señales o gestos y  materiales (agua, sal, aceite, óleos, ceras, rosarios, imágenes, etc.), unidos a la fe del celebrante tienen poder sobre los seres y fuerzas del mal o generan bendiciones, protecciones, poder sanador o liberador; de manera antagónica, los signos, símbolos, señas, imprecaciones y ciertos materiales que usan los hechiceros y los sectarios, tienen poder e influjo maligno específico.

Desde su coronación, la Mitra que portaba Benedicto XVI, está repleta de símbolos cabalísticos, pertenecen a la hechicería hebraica, con la imagen del demonio Pan (Baphomet es predador sexual; fundó el Lobby Gay Vaticano, propagó con hechicería hebraica la pederastia entre jerarcas y sacerdotes; encubrió estos crímenes con el documento secreto que suscribió: “Delito de Sollicitationis”, los escándalos abarcaron solicitud de servicios sexuales por parte de los cardenales a los miembros de la Guardia Suiza, incluso renunció por esta causa el Jefe de la Guardia Suiza; mismo caso con Francisco) y de símbolos masónicos (Mitras y ornamentos de Benedicto XVI, todo este panorama de corrupción de los pastores de la Iglesia estaba advertido por la Virgen en La Salette Cf. https://benedictoxviquienes.blogspot.com ).

Benedicto XVI practica la brujería o hechicería hebraica, usa también otra Mitra con éste símbolo, el del “hexagrama”, mal llamado Estrella de David; el hexagrama es el símbolo de la hechicería hebraica. Combinó esa Mitra con una Casulla de coronación llena de “conchitas”, con significado y poder de perversión sexual, ambas destinadas a crear influjo para los crímenes de pederastia, hubo millares de casos en todo el Mundo durante su maléfico y perverso pontificado. Introdujo la perniciosa corriente del modernismo que es paganismo; Joseph Karl Ratzinger Peintner fue escritor de la corriente modernista en la Revista Progressio opuesta a la Revista Traditio de espíritu tradicional; y fue maestro que enseñaba esta corriente pagana en la Universidad de Tubinga de corte modernista. Benedicto XVI incurrió en más de un centenar de herejías y ha afirmado que los rabinos son sus hermanos mayores.

Benedicto XVI con su Mitra del hexagrama, símbolo de la hechicería hebraica.


Falso papa Francisco, con su "stang" o altar móvil de brujo.

Durante el Concilio Ecuménico Vaticano II, era la cabeza visible de la jerarquía masónica infiltrada hasta la cúpula vaticana, impulsando la corriente modernista. Asociado a los jerarcas masones e illuminati de la Logia Propaganda Dúe, golpearon fuertemente al Eterno Sacrifico o Santa Misa, alterando la Liturgia de la Misa Tridentina instituida por el Papa San Pío V en latín, con tantas bendiciones, Gracias y protecciones para los fieles y el Planeta entero mediante la Transubstanciación que operaba con las palabras cuya fórmula por centurias se precisó, afirmó y enseño como “inalterables”, protegiendo al Mundo de la acción de Satanás, gracias a la Sangre de Cristo que fluía en las Misas durante las consagraciones del pan ácimo y el vino para ser convertidos en verdaderamente la Presencia Real, con el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Salvador y redentor Jesucristo que vence a los demonios y confiere vida eterna a los fieles.

Benedicto XVI desde que era Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, ocultó y distorsionó el contenido auténtico del Tercer Secreto de Fátima que se aprecia como subtítulo de este documento, porque evidenciaba con todos los jerarcas infiltrados hasta la Cúpula Vaticana, entre los que estaban él mismo, los jerarcas que se apoderaron de las principales mesas de trabajo en el Concilio para alterar documentos y conclusiones, entre los que estaban Joseph Frings, Lercaro, Aníbal Bugnini, Casaroli, etc.

Cardenal sectario Joseph Frings
Cardenal Casarolli, mantuvo secuestrado a Paulo VI con los cardenales Jean-Marie Villot, Secretario de Estado, y cardenal Benelli. Casarolli planeó y dirigió el atentado contra el propio Papa Juan Pablo II aliado a los comunistas, lo confirmó el turco Ali Agca quien le disparó. 

Es así como los cardenales del mal pretendieron desplazar e inhabilitar de la costumbre la celebración en latín y con órgano de la Misa Tridentina u Ordo Missae, y sustituirla por una celebración de corte protestante, la usada actualmente del Novus Ordo Missae, mismo tipo de lenguaje y simbología illuminati, plasmados en el billete de un dólar norteamericano, hasta con la fecha de fundación en números romanos del templo illuminati en Washington, como la leyenda “Novus Ordo Seclorum” o Nuevo Orden Mundial" que también proclamó Benedicto XVI. Los cardenales coludidos hacían creer a los obispos de todos los países que ésa era la voluntad y disposición del Papa Paulo VI, cuando que lo tenían secuestrado en el mismo Vaticano y le impusieron un socia o doble para dirigir los trabajos conciliares, haciendo las modificaciones con conclusiones alteradas y hasta opuestas a las acordadas en las mesas de trabajo en las mesas del Concilio; asestando astutamente los primeros grandes golpes demoledores contra la Iglesia de Cristo, a la vez que presentaban al falso papa en las reuniones conciliares y en eventos específicos sin que la gente sospechara. No cabe duda que tenía Jesús razón al afirmar que “Son más astutos los hijos de las tinieblas que los hijos de la Luz”.

Conviene leer toda la sensacional investigación documental intitulada ¡Cómo llegó ‘él ladrón’ a la Silla de Pedro! en el Blog ANTI-IGLESIA https://antiiglesia.blogspot.com y conocer cómo en verdad piensan los judíos que han venido apoderándose del Mundo, de los ámbitos de la política, la economía, los medios de comunicación principales (Cf. https://benedictoxviquienes.blogspot.com Etiqueta: Tiranía o Sionismo Puro, Partes 1 y 2; su financiamiento y dirección de la Organización de las Naciones Unidas, etc. (Cf. Benedicto XVI, quien es https://benedictoxviquienes.blogspot.com y Las Sectas en el Mundo https://lassectasenelmundo.blogspot.com Etiqueta: Illuminati y Soberanos Invisibles).

Por su parte, Francisco ha hecho uso de la Casulla cabalística empleada en la coronación de Benedicto XVI, y también porta permanentemente una cruz que esconde ante rabinos de alta jerarquía, es una cruz pectoral egipcia del rito masónico-illuminati del Ordo Templi Orientis, en vez de Jesús tiene una momia que se abraza hacia sus hombros –señal de identidad illuminati como lo hace el sectario, masón, ateo y homosexual Manuel Andrés López Obrador, presidente de izquierda en México; tiene un ave de rapiña en picada, no es el Espíritu Santo; chanchos y chivos en vez de ovejas; las piernas, pantorrillas y pies están invertidos, rito y símbolo de “pasos perdidos”; en el Aniversario de las Apariciones de la Virgen en Fátima hizo una “misa negra” (manteles negros, cirios negros, piso masónico, Cristo fuera de su cruz); en la supuesta bendición con la enorme custodia con rayos que no daban paz, hizo la “señal de la cruz invertida”; en esa ocasión ofendió a la Madre de Dios diciendo que “María es una santita que hace milagros baratos”; y entre cientos de sandeces,  blasfemias, herejías e insultos a la Virgen y a las Divinas Personas, ha aseverado que “por las venas de Jesús corre sangre pagana” y que “María no tiene los grandes méritos de las hebreas del Antiguo Testamento”, ha dicho que Jesús fracasó en la Cruz”,que el milagro de la multiplicación de los panes y peces es mentira, etc., etc.


Pero Benedicto XVI, judío como Francisco, ambos miembros del “movimiento sionista”, son enemigos de Jesucristo y de Su Iglesia, han proferido sendas herejías, y por tanto, perdido su jerarquía eclesiástica, ambos hicieron campaña para ser impuestos como papas, ninguno de los dos es papa, recuérdese la profecía de Catalina Emmerich y de Conchita González en Garabandal: “Después del Papa Juan (Juan XXIII), vendrán tres papas de Jesús (Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II), después viene un tiempo de “no papas” (Benedicto XVI y Francisco); y este tiempo es el que estamos viviendo.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

PRIMICIA MUNDIAL: LA TRAMA BENEDICTO – BERGOGLIO

PRIMICIA MUNDIAL: LA TRAMA BENEDICTO – BERGOGLIO

27 de septiembre del 2019 
Estimados hermanos en Cristo Jesús:
Hace tiempo he querido escribir esto porque veo que la confusión, de lo que está pasando en la Iglesia con el Papa Francisco, es cada vez peor. Esto lo respaldaré con las Revelaciones que me ha dado la Santísima Trinidad desde hace varios años.
Cuando estaba por morir el Papa Juan Pablo II, nos íbamos preparando todos los que seguíamos las profecías dadas, principalmente por la Santísima Virgen María, en las cuales se nos decía que, a la muerte del Papa Juan Pablo II, vendría el antipapa esperado. Eran revelaciones que escuchábamos por todos lados, pero principalmente las de Garabandal en las cuales explicaba Conchita que, a la muerte del Papa Juan XXIII, sólo seguirían 3 papas y luego el antipapa, y éstos serían: Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.
“Muerte” de Juan Pablo II
Ésta se da en circunstancias “raras”. Antes de que se dé su “muerte”, se van dando acontecimientos fuera de lo común. Uno de ellos, muy claro, se veía como que un grupo del Vaticano quería que su fallecimiento se diera ya, y en las noticias se sentía una presión mediática manipulada, dirigida a eliminar a Juan Pablo II para que subiera el siguiente Papa, y entendíamos la presión porque sabíamos que un Papa malo vendría después y empezarían a darse los acontecimientos del fin: antipapa, anticristo, purificación, nuevos cielos y nuevas tierras. Todo esto lo teníamos muy en mente. Estábamos en esto cuando, de repente, unos días antes de su “muerte”, vimos que el Papa Juan Pablo II estaba asomado en la ventana del Vaticano e iba a decir algo a la gente y no pudo; se le veía la cara de desesperación y desagrado, y se dio cuenta que le habían cortado las cuerdas vocales. A partir de ahí, nunca más se le vio de frente, ni por televisión, ni en fotos, y unos días después se anunció su “muerte”.
Grandes preparativos se hicieron. Se expuso “su cuerpo” y se pidió que no se tomaran fotos; la reportera que mandaron de México, muy a desgano fue a hacer el reportaje, y estando ella a unos cuantos metros de distancia, se le salió decir: “Pues aquí, desde donde estoy, parece que es una figura de cera”. Al escuchar esto, le pedí a mi hijo que, si de alguna de las fotos que le habían tomado de lejos, me podía hacer un acercamiento en su computadora, me dijo que sí y lo hizo; tan pronto lo vi de cerca, y siendo yo dentista, de inmediato me di cuenta que no era él, – nos estaban engañando -. Seguíamos sin entender la “muerte” de Juan Pablo II y, de repente, unas 2 ó 3 semanas después, mi Dios Espíritu Santo me llevó, en espíritu, a una casita, como un chalet, y me vi junto al sillón en donde estaba sentadito ¡¡ el Papa Juan Pablo II !! ¡Yo estaba junto a él! Estaba sentadito, medio agachado, cubierto con un chal tejido de color café oscuro, y tenía tejidos agujeros grandes. La casa era de madera, de color café claro y, junto al sillón, a su izquierda, un ventanal vertical. Las paredes eran como de duela en color café claro. Unas 2 ó 3 semanas después, me volvió a llevar mi Dios Espíritu Santo a visitarlo nuevamente. Ahora lo vi fuera de la casa, caminando con dos personas a su lado y otras 3 un poco más alejadas de él, cuidándolo. Se le veía bien. El césped alrededor de la casa, estaba bien cortado y en declive. Platicando con un grupo de videntes, ellas me confirmaron que también lo vieron, vivo y sentado en el sillón y cubierto con algo café. Me dijeron ellas que les tocó verlo como a 10 metros de distancia y no podían ver con detalle lo que yo vi estando junto a él. Para muchos esta noticia les caerá como bomba y dirán: “Ya está ahora muy viejito” pero yo les pregunto, ¿hay para Dios algo imposible a ojos humanos? Gracias a Dios en él se cumplió la profecía de Fátima en la que se dice que un Papa saldría huyendo de Roma entre los cadáveres de los cardenales; personas buenas, allegadas a él, lo rescataron antes de que lo acabaran de matar porque, como les dije antes, primero le cortaron las cuerdas vocales para que no denunciara toda la maldad que existe dentro del Vaticano. Además, hay otra profecía que dice que alguien MUY santo va a recibir a Nuestro Señor Jesucristo en Su Segunda Venida, ¿será él?
Pasaron los días y empezó el Cónclave, seguíamos seguros que, el personaje que saliera, indiscutiblemente, sería el antipapa puesto que así estaba profetizado. Había varios nombres de cardenales, sabíamos que algunos de ellos eran malos y esperábamos que saliera uno de ellos. Llegó el momento esperado, estaba yo en mi consultorio y mi secretaria veía la televisión para esperar la noticia del Cónclave, de repente me grita: “Ya tenemos Papa” y le pregunté: “¿Quién es?” y me respondió: “El Cardenal Ratzinger”. En ese momento sentí como que me quitaban el piso y me quedaba yo flotando en el aire y me dije: “¿Acaso se equivocó la Virgen?” Esto me lo pregunté porque, aunque yo NUNCA había visto al Cardenal Ratzinger, había leído que él iba a las Apariciones Marianas a checar si eran verdaderas o falsas y daba por sentado que él era mariano y, por lo tanto, un buen cardenal, todo lo contrario a lo que esperábamos para estos momentos de la historia. Mi secretaria me dijo: “Venga a verlo, está ahora en la tele”, dejé al paciente por un momento y, cuando vi a Ratzinger saludando a la gente, de repente me salió, desde muy dentro de mí, una exclamación que yo nunca me hubiera esperado, le apunté con el dedo y dije: “Éste es uno de los fariseos que asesinó a Dios Nuestro Señor.” (recuerden que yo nunca lo había visto antes). Me quedé perplejo ante esas palabras que, obviamente no eran mías.  A partir de ahí, pasaban las horas y yo no sabía qué pensar, hasta que vino en mi ayuda el Espíritu Santo, quien me dijo: “Repite nuevamente el lema de San Malaquías que le toca”, y yo le dije: “La gloria del olivo”. Me volvió a preguntar: “¿Qué te trae a la mente la gloria?”, y yo le respondí: “Pues el triunfo” (yo pensando en las competencias griegas y romanas de aquel tiempo), y luego me vuelve a preguntar: “Y, ¿qué te trae a la mente el olivo?” Le contesté: “Pues el pueblo judío o musulmán, porque ellos cultivan muchos olivos, pero como tenemos ascendencia judía, por seguir las enseñanzas de la Biblia, entonces me recuerda al pueblo judío.” Luego me dice mi Señor Espíritu Santo: “Ahora junta esas dos explicaciones”, y yo lo hago y le digo: “El triunfo del judaísmo… ¡híjole!… en la Silla de Pedro, ya se dio la profecía de que un judío farisaico se iba a sentar en la Silla de Pedro para burlarse de Dios Nuestro Señor”, pero inmediatamente, sin dejar hablar a mi Dios, le digo: “¡Oye! Pero éste no es judío, es alemán” y entonces me respondió mi Dios Espíritu Santo: “¡No! Éste es judío de padre y madre.” Yo no sabía eso y más tarde me lo confirmaron, me contaron que su familia era de Baviera en donde muchos judíos se asentaron cuando fueron corridos de Jerusalén, y él viene de una secta farisaica, muy contraria a las Enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.
Empieza el pontificado de Benedicto XVI



El judío Benedicto XVI, descendiente de rabinos del Priorato de Praga, en una de las varias ocasiones captado haciendo "señas satánicas".
https://benedictoxviquienes.blogspot.com
Seguíamos desconcertados con la elección del Papa, los que confiamos en las Profecías. Al siguiente día me dice Papá Dios: “Nosotros, en Nuestra Santísima Trinidad, permitimos que así fuera. Este fue puesto por un grupo para destruir a la Iglesia­­­­­, pero Mi Hija, la Siempre Virgen María, siempre llevará el Báculo.” Entonces entendí de qué se trataba su designación, la cual luego me explicó Papá Dios: “Él fue puesto para tratar de destruir la Iglesia, así como a Judas también se le permitió ser de los 12 para que se confirmaran las Escrituras. Este es el Judas de este tiempo, con esta misión destructiva.”
A los 3 meses del pontificado de Benedicto, me invitaron a asistir a la Basílica de Guadalupe a una plática que nos iba a dar el representante del padre Gobbi en México. Asistí al lugar, una carpa afuera de la Basílica, a la altura de donde se encuentran las campanas. Estábamos ya reunidos como 150 personas y de repente sale el representante del padre Gobbi y nos dice, a boca jarro: “Vengo de Roma y el Papa Benedicto nos acaba de quitar la Eucaristía”, quedamos estupefactos, y nos sigue diciendo: “Cambió las Palabras de la Transubstanciación y ya no tenemos ni el Cuerpo ni la Sangre de Cristo.” Nos explicó que allá, al momento de la Elevación de la Hostia, en vez de las Palabras correctas que son: “Este es el Cuerpo de Cristo” se las cambió a: “Esto representa al Cuerpo de Cristo”; y a las Palabras para el vino, en lugar de decir que se dio por TODOS, las cambió por, se dio por MUCHOS.
Ya me había explicado ésto Papá Dios, alguna vez, llevándome en espíritu al espacio, al momento de la Transubstanciación del vino, por la Sangre de Cristo, me hizo entender que Su Sangre protegía completamente a TODA la Tierra, porque  yo veía que cada 2-3 segundos, un gran rayo de luz blanca llegaba del interior del espacio y chocaba contra la Tierra cubriéndola con ésta luz, protegiéndola así de los ataques de satanás y también me explicó que antes, por las Misas bien dichas y las muchas oraciones de la gente, la Tierra estaba bien protegida contra satanás, pero ahora por la falta de oración de la gente y las Misas con las Palabras de la Transubstanciación alteradas, nos hemos quedado casi sin protección de parte del Cielo y por eso satanás ha tomado prácticamente el poder mundial.
Siguió Benedicto actuando, pero a la gente no le agradaba mucho su presencia y su forma de ser, la gente decía: “Es buen teólogo, pero no tiene la sencillez y el amor de Juan Pablo II” y entonces decidió, el grupo que lo puso en el pontificado, hacerlo a un lado alegando que ya estaba cansado y viejo, etc., (pretextos para quitarlo) La razón real es que no se ganó a la gente, por lo tanto no lo seguirían para poder llevar a cabo sus planes destructivos en la Iglesia y, entonces, este grupo, inventó, un Juan Pablo II, en la presencia de Bergoglio. Vale decir que la gente no quiso a Benedicto, porque es tanta maldad la que lleva en su interior, que se le sale en su mirada y en sus actos.
Empezó el cambio de papado, Benedicto abdicó “por su edad y salud”, quedó como “Papa emérito”, situación no antes aceptada en la Iglesia, y se dio el Cónclave para decidir quién sería el nuevo Papa. Fue un cónclave muy fuera de lo normal, se les prohibió a los cardenales llevar consigo el celular, para no grabar ni tomar fotos y la decisión del “nuevo Papa” fue muy rápida, muy fuera de lo normal.
Cabe decir algo MUY importante: Bergoglio fue IMPUESTO por un grupo masón y no fue designado por el Espíritu Santo, por lo tanto, NO es papa; este fue un fraude en donde TODOS los cardenales son cómplices al ir en contra de las Leyes Divinas. El mismo San Francisco de Asís ya había profetizado que habría un papa que no sería nombrado canónicamente por el Espíritu Santo, y la profecía se dio en Bergoglio. Por si esto no fuera suficiente, dos días después de que fue nombrado papa, el Espíritu Santo me dijo: “Este es el lobo con piel de oveja.”
Pontificado de Francisco
Al principio de su pontificado como que no fue muy aceptado porque la gente algo intuía, pero empezaron todos los medios a “apoyarlo” para crear en él un papa parecido a Juan Pablo II. Todos los días, por televisión, periódico, radio, etc. se decían cosas buenas del nuevo papa y como decía Hitler: “Crea una mentira, repítela varias veces y al final todos la creerán como una verdad”, así sucedió con Bergoglio.
Lo más espeluznante de todo, y es completamente un plan satánico, es que Benedicto ha estado todo el tiempo detrás de Bergoglio. Todo lo que dice y hace es aconsejado por Benedicto. Todas las herejías, ataques a nuestra Fe, a Dios Nuestro Señor, a la Santísima Virgen, a la Iglesia, etc. son aconsejadas por Benedicto a Bergoglio. Por cierto, Bergoglio también desciende de una familia judía.
Día a día se descara más Bergoglio con sus herejías y ataques frontales contra nuestra Iglesia (Sínodo de la Amazonía) que mucha gente, antes incrédula, ya se dio cuenta de su maldad y hasta dicen: “Bergoglio es malo y Benedicto es el verdadero Papa.” ¡Cuánto error existe entre los hombres! Los dos están haciendo un solo equipo para destruir nuestra Iglesia: Benedicto, en lo escondido, crea la maldad que luego Bergoglio llevará a la gente.
Quise hacer esta explicación, basado en las Revelaciones que se me han dado, porque la mayoría de la gente está viviendo en el error y siento yo que viene ahora lo peor, y la gente se lo va a creer; satanás es muy astuto y él está con estos dos enemigos de la Iglesia. Como Bergoglio cada día se descara más, haciendo demasiado obvia su maldad, me supongo que Benedicto va a ir “en contra de él” declarándolo herético, pidiendo su destitución y, como mañosamente las 2 cartas de renuncia al papado no son válidas, porque no cumplieron con los requisitos para que fueran válidas, él le va a pedir a Bergoglio, ordenándole como “verdadero papa”, que deje la Silla de Pedro y así él tome nuevamente el papado. La gente va a alabar este hecho, quizá porque vaya a evitar el herético Sínodo del Amazonas, y empezaremos, con su presencia en el papado, a sufrir la venida del anticristo, avalado y respaldado por el “buen Papa Benedicto”. Por otro lado, ciertamente hay 2 papas elegidos canónicamente: Juan Pablo II, quien vive, y Benedicto. Algunos han hablado del “catejón”, que se refiere a que un individuo muy santo, gracias a sus oraciones y sufrimientos, está intercediendo ante Nuestro Dios, por todos nosotros, para aplacar la ira Divina, y han hasta asegurado que Benedicto es tal personaje, les puedo asegurar que él no es. En algún momento aparecerá Juan Pablo II para declarar en contra de estos dos individuos perversos. Él estaba preparando en sus escritos una crónica de toda la maldad que se vive dentro y fuera del Vaticano, pero a su “muerte” quemaron todos sus escritos, “porque él lo dejó así indicado”.
Hermanos, la guerra que estamos padeciendo y que se va a incrementar a niveles insoportables, es una guerra ESPIRITUAL, y como me indica Papá Dios, aquellos que no estén preparados para luchar contra los espíritus infernales, que ya nos están rodeando, sucumbirán. Dios, en Su Santísima Trinidad, Nuestra Madre Santísima, el Señor San José y todos los Ángeles y Santos, nos cubran, protejan y guíen durante este tiempo de Purificación Universal, para que podamos gozar del Premio Prometido por Nuestro Dios, que serán los Cielos Nuevos y las Tierras Nuevas por venir. Dios nos bendiga.
Atte.     JV

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